Los penaltis encumbran el año mágico del United


MADRID.- El Manchester levantó su tercera Copa de Europa tras una final mayúscula con una mitad para cada bando que acabó en una tragicómica tanda de penaltis. Ahí, la ruleta viró bruscamente: las lágrimas rojas por el fallo de Cristiano Ronaldo pronto se enjugaron con los fallos azules y decisivos de Terry y Anelka. La chequera de Abramovich deberá esperar otra vez más en un año teñido de ‘rojo diablo’ que encumbra al United con el doblete: Champions y Premier. [Vea los goles y la tanda de penaltis] [Opinión] [ Ficha][Foto]

Tuvo tiempo en 45 minutos el Manchester de retratar que su apuesta inicial atesora más grandeza que la un Chelsea cavernícola que poco más se dedicó a mandar sandias a Drogba. Todo con el desaforado y engatusador ritmo inglés, sólo que el United ponía la clase, se quedaba con el balón, incendiaba desde las alas con su figurón Ronaldo y los azules olvidaban un mediocampo en el que lucen elementos de la categoría de Ballack, Joe Cole o Malouda.

Porque sobre ese escenario inicial emergió la figura de un tipo distinto, único, Cristiano Ronaldo. El ‘bad boy’ de Funchal demostró en 45 minutos porqué es el futbolista más cotizado del planeta. Ha dejado de ser aquel vendedor de fuegos artificiales, aunque sufra de ataques de pánico en los penaltis decisivos. La potencia de sus arrancadas, su cabezazo majestuoso en el gol, sus roscas en carrera desde el ala izquierda -aderezados con su estampa altiva y retadora y su chulesco repertorio de amagos- infundieron más pavor que en toda la eliminatoria ante el Barcelona. Para la memoria de sus partidarios también quedará una orfebrería sobre la línea de cal en la que mandó a por tabaco a Essien con una bicicleta y posterior centro perfectos. Arte en movimiento.

La combinación de rebotes del último minuto origen del gol del ‘desaparecido’ Lampard permitió mantener viva la tropa azul para resucitar en la segunda. Sonrió la fortuna a los esforzados de Grant, menores, mínimos ante la gran puesta en escena de Cristiano, bandera de un notable United con el incansable Tévez y Rooney tan afilados como estajanovistas. Minutos antes del gol del empate, el Manchester desperdiciaba el segundo en un contrataque de manual que lanzó Rooney a la otra banda desde 40 metros para la imponente aparición en carrera del guepardo de Madeira. El centro del portugués fue simplemente soberbio. Tanto como la dos respuestas de Cech al remate del argentino y posterior de Carrick, con todo a su favor para el fusilamiento.

El segundo acto cambió por completo el guión de una final enorme. El Chelsea agarró el timón y desactivó casi por completo el ‘peligro’ rojo. Grant subió las líneas de presión y la zapa del ‘pretoriano’ Makelele sobre Scholes atascó las línea de distribución de Ferguson. Se imponía el mayor músculo, poderío táctico y fuerza de los azules. Con las bandas taponadas y sin balón, el United es menos United. Malo cuando el asunto no pasa por el pelotero pelirrojo también porque Cristiano y Tévez se quedaron sin alimento. Ballack y Lampard pasaron de desaparecidos en combate a ser una amenaza con continuas llegadas, los amos.

También ayudó el crecimiento de Malouda y el trabajo de desgaste de la bestia Drogba siempre con el gatillo a punto. Se acumularon demasiados remates sobre los alrededores de Van der Sar -incomprensible su designación de mejor jugador de la final-. El holandés se encomendó más a los palos que a sus reflejos, ya mermados con el paso de los años. El ejemplo más palmario fue una jugada de cirugía entre Ashley Cole y Ballack que acabó con un disparo al travesaño de Lampard.

La prórroga fue un intercambio continuo de golpes, interrupciones, tarjetas… Nada de rendición. El Chelsea, crecido en su resurrección, tenía más gasolina, músculo y poder aéreo. Pero el árbitro se pasó de celo al mandar a la ducha a Drogba por un estúpido manotazo más de amarilla. El destino reservaba la gloria en las ruleta de los penaltis. Los caprichosos hados estuvieron de la parte del Chelsea y en contra de Cristiano Ronaldo… en principio. Su parada a mitad de carrera fue el ejemplo de que la duda es la antesala de la derrota, que decía Valdano.

Pero no… porque Terry -impecable en 120 minutos- erró en el decisivo, y el gafado Anelka rubricó con otro fallo la gloria de los modernos ‘Busby Babes’ y el fatalismo infinito del multimillonario Abramovich. Nunca el ‘jerarca’ ruso tuvo su sueño tan cerca después de tantos miles de millones de libras invertidos. Se le esfumó como las lágrimas de Terry se difuminaron entre la lluvia que cayó sobre Moscú. Ahora, el sueño sigue tan lejos como siempre.

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